Resulta imposible recordar cuantas veces hemos visitado nuestra querida Gaia y saber quienes fuimos…, antes de ser fulano o mengana en esta existencia.
Sin embargo, nuestro corazón es capaz de reconocer la luminosidad de sus antiguos compañeros de viaje..., de nuestros seres queridos e incluso viejos rivales o enemigos.
Si nos lo permitimos y prestamos atención, logramos recordar. ¿Nunca te pasó de sentir profundamente que conoces a alguien desde siempre y quizás es la primera vez que miras a los ojos, entablas una conversación, tocas, lees o escuchas a esa persona? ¿Sentir que son tan familiares sus gestos, sus palabras, sus ideales, su mirada, su presencia, su luz?
Nacemos recordando muchas cosas, “sabiendo eso”…, las almas siempre se encuentran y de ese modo el amor se vuelve eterno. El amor nos une para siempre a quienes amamos, en esta y en todas las siguientes vidas nos vamos re-encontrando, nos vamos reconociendo y ya no nos separamos. Los lazos de amor son inmortales…, espero ya lo hayan descubierto y comprobado en esta existencia. Por lo menos…, espero que lo intuyan.

Nuestra familia, padres, hermanos, hijos, amigos…, nos acompañan siempre y nuestra alma gemela eternamente nos espera, sabiendo que en alguna parte existimos, somos reales y respiramos.
También sucede a veces que nuestro corazón busca “dulcemente obsesionado” hallar a alguien…, y no logramos localizar a esa persona. Puede que no sea el momento aún, o que quizás antes debamos aprender una importante lección que eleve nuestro espíritu.
Las pupilas perennes quedan tatuadas en la memoria, concéntrate y mira fijamente a los ojos…, seguramente te sorprendas con lo que tu corazón puede ver. Me ha pasado de tocar a alguien…, y reconocer su alma.
Pero…, asumo que lo más mágico y fuerte ha sido “por fin” encontrarte a ti, mi amor…, sintiendo en todo momento tu inmensa presencia en mi diminuto mundo, tu luz iluminando mis penumbras y tu amor floreciendo en cada otoño. Mi corazón ha sido el escenario de tus melodías, de las cartas que no dejaste de escribir, de las puestas
du soleil acuareladas que contemplamos juntos…, recostados en la luna arenada del B-612. Una vez más continúas fotografiando cada instante eterno de mi felicidad y así será…, siempre.
Queridos todos, me alegra haberlos encontrado, a cada uno de ustedes que pululan en mi vida, dejando huellas y haciendo camino. Aunque algunos ahora no puedan (quieran) “verlo” confíen en que juntos tenemos una gran misión.
Unidos lucharemos como guerreros y caminaremos mundos, constelaciones, eternidades…